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De Van Nistelrooy al galáctico de turno

19 mayo 2009

Mirando en retrospectiva esta Liga, creo que hay un factor determinante que, bien al principio, rompió la baraja en favor del Barça: fue lesionarse Van Nistelrooy para toda la temporada y saber que tendríamos el camino despejado hacia el título, todo en una. En aquellos momentos no me imaginaba ni de lejos lo difícil que nos lo iban a poner los merengues, pero aun así diría que la baja de este delantero fue determinante para que en los momentos finales el Madrid no recortara aún más la distancia y se situara incluso por encima de nosotros. Estoy convencido de que con él rindiendo a un nivel similar que en las dos temporadas anteriores a estas alturas aún no estaría decidido el título.

Los madridistas dirán que fue mala suerte, y tal vez tengan razón. Pero yo creo que si precisamente había algo anormal eran los números del holandés en las dos pasadas temporadas. Cuando Calderón lo fichó en su primer año, muchos vaticinamos que este jugador no le duraría mucho a los blancos, y a todos nos sorprendió que aguantara tan bien durante dos temporadas seguidas: sin duda este fichaje fue el máximo artífice de las dos Ligas birladas al Barça, aunque todos sabíamos que en cualquier momento se podía romper dado su historial. Es lo mismo que nos ha pasado a nosotros con Milito: nos arriesgamos y nos duró una temporada. Cuando haces fichajes de riesgo tu obligación es guardar un recambio por si las moscas, y eso el Barça lo ha solventado bien. El Madrid, en cambio, no hizo los deberes y así le ha ido este año.

La cuestión es que ahora se acerca Florentino con la billetera llena (¿?) y amenaza con hacer fichajes de relumbrón para robar el cetro del buen fútbol al Barcelona. El silogismo que los madridistas se hacen es el siguiente: si con esta plantilla de ‘mataos’ casi nos llevamos la Liga, simplemente con que añadamos a un par de “galácticos” ya la tendremos en el bolsillo el año que viene. El razonamiento no es del todo descabellado; bastaría con un Benzéma de la vida y un par de tíos con criterio en el centro del campo (¿Cesc? ¿Xabi Alonso?) para que el equipo cobrara consistencia en ataque y, aunque el juego tampoco fuese demasiado vistoso, acumular victorias que sumarían los puntos que este año les han faltado.

El problema es que Florentino sólo ofrece estrategias a corto plazo. Sí, el año que viene pueden ganar la Liga (y más si pensamos en el proceso electoral en Can Barça que puede desestabilizar al club desde dentro), pero en cualquier caso eso el Madrid lo hará uno de cada dos años fiche a quien fiche. Si analizamos el reparto de títulos en el último cuarto de siglo, la cosa está más o menos al 50% entre los culés y los merengues, y de tanto en tanto llega un Depor, un Valencia o un Atlético que se erige en la excepción que confirma la regla. Ahora bien, si lo que Florentino pretende es cambiar el modelo de club y volver a ser un referente en Europa, haciendo cantera y definiendo un estilo de juego que perviva cuando él se haya largado, más vale que se olvide de vender el Bernabéu o del pelotazo de turno y de fichar a cuatro galácticos a golpe de talonario. Eso es pan para hoy y hambre para mañana, como se ha visto desde su última etapa.

A veces basta con fichar un buen delantero que te salve la temporada. Pero para salvar a un club hace falta muchísimo más que la estrella del momento, y lo escribe alguien que pensó que al fichar a Maradona en los ochenta tocaríamos el cielo. Los merengues deberían reflexionar sobre ello mientras se pasan el verano haciendo quinielas sobre los fichajes del “Ser Superior”.

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17 mayo 2009

Hubo un momento en esta temporada -justo después del nefasto partido contra el Espanyol en casa- en que vi peligrar la Liga. Y empecé a plantearme qué pasaría si finalmente el Madrid nos arrebataba el título, algo que hasta ese instante me había parecido impensable en vista de la diferencia del nivel de juego entre unos y otros. El factor psicológico pesa, me dije, y los dos últimos campeonatos blancos proyectaban su sombra sobre nosotros, quién sabe si hasta el punto de hacernos flaquear y entregar el título a nuestro más inmediato perseguidor. Todo era posible, pero sinceramente no me parecía justo. ¿De qué servía jugar como los ángeles si al final lo único que contaba era la testiculina? ¿Para qué fichar a buenos jugadores, entrenar a los de la cantera desde pequeños en un estilo de juego determinado, si luego viene el jubilado de siempre y mete su gol de oportunista en el minuto 91 tras un fuera de juego que el árbitro no ve? El fútbol nos debía esta Liga, y si era tan cruel como para arrebatárnosla meditaba muy seriamente abandonar este deporte por los siglos de los siglos, y ojo que cuando yo hago una aseveración de este calibre no lo hago a la ligera: no es producto de un arrebato momentáneo sino de una decisión bien meditada, y me veía perfectamente capacitado para cumplir mi amenaza.

Afortunadamente, la lógica se ha impuesto, la justicia ha vuelto a hacer presencia y la Liga ha caído de nuestro lado. Y éste es el título que yo quería, el bueno de verdad, el que premia la regularidad de un campeonato excepcional. Los otros dos son una lotería, dependen demasiado de otros factores como para asegurar que los ganarás con una buena planificación, pero la Liga no: la Liga se la lleva indiscutiblemente el mejor, y este año sin lugar a dudas el mejor ha sido el Barça. Por tanto, felicidades a todos los culés y a los amantes del buen fútbol… bueno, no, del fútbol de toque con vertiente atacante… prefiero decirlo así para no herir susceptibilidades. 😉

Parece ser que me va a tocar sufrir y alegrarme con el fútbol del Barça durante muchos años todavía.

Visca el Barça!

In Pep we trust.

Amén

P.D.: muchísimas gracias a todos los del Villarato, el cagómetro, el canguelo, el “campeones por decreto” y el “Robben es mejor que Messi”. Sin vosotros, muchachos, no lo hubiéramos logrado.

El factor miedo

15 mayo 2009

Bueno, pues ya tenemos al “Ser Superior” de vuelta en la Casa Blanca, dispuesto a salvar las joyas de la familia antes de que sea demasiado tarde. Otra cosa es que para ejecutar su plan de rescate al final no quede ni el solar, pero ya sabemos que en fútbol estas minucias no importan, que lo que cuenta es el presente y la casa no va a reparar en gastos para -más que ganar- volver a humillar al rival, que hoy día es lo que más felices hace a las aficiones. Lo decía esta mañana Onieva en Radio Marca (lo echaré de menos: me encanta psicoanalizarlo): “volveremos a hacerles sufrir”, y uno se pregunta hasta qué punto goza más un hincha ganando un título por lo que representa para su club o por lo que significa como escarnio para el rival.

Siempre he sostenido que el factor psicológico resulta fundamental en este deporte, y si no fíjense en el día escogido por Florentino para volver al redil: ¡rápido, quitémosle portadas al Barça en el día de su triunfo! Parece que la cosa no terminó de cuajar del todo (los noticiarios siguieron abriendo con el 4-1), y que incluso contribuyó a que no se hablara de la chorrada del himno, pero la intención es lo que cuenta. Y, como no podía ser de otro modo, en cuanto a armas psicológicas la más efectiva sigue siendo meter miedo desde el primer momento.  Observen por ejemplo este titular sacado del As: No hay pacto de no agresión con el Barça. Claro, como en su primera etapa el señor Pérez accedió a la presidencia birlándonos a Figo, nada mejor que repetir la jugada con Messi, Iniesta, Xavi o el que se tercie. Un discurso coherente con la estrategia de minar la moral enemiga, pero ni el Barça de hoy es el Barça de Gaspart, ni la afición está demasiado por estas tretas cuando ya se toca con los dedos el doblete y se aspira a un histórico triplete, ni los jugadores parecen dispuestos a cambiar de acera cuando se está en la cima mundial del fútbol, por muchos cantos de sirena monetarios que suenen en la lejanía.

Aun así, reconozcamos que “poderoso caballero es Don Dinero” y que en esta vida nunca puedes asegurar nada. Sinceramente, con el nivel de juego que ofrece el Barça actual dudo mucho que ni siquiera restándole una pieza de alto nivel la maquinaria dejara de funcionar: lo bueno de nuestro club es que existe un sistema bien implantado y que hoy por hoy no se depende de ningún jugador en concreto. Yo más bien creo que si Florentino quiere tocarnos el alma deberá intentarlo con Cesc o con alguna de nuestras promesas de la cantera. En cualquier caso, si quiere pagar la cláusula de rescisión (como dice el artículo enlazado) de nuestros cracks para llevarse a alguno por mí encantado: con la pasta que nos deje aún seremos nosotros quien fichemos a Cristiano Ronaldo, y a Ribéry de propina. Definitivamente, no funciona igual la táctica del miedo con un club al borde de la gloria que con uno con Gaspart de presidente.

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14 mayo 2009

Partido sin historia que siguió el guión previsto: dominio azulgrana tanto en el terreno de juego como en el marcador e ímpetu de los bilbaínos que, llevados en volandas por su afición, lograron adelantarse en el marcador en unos primeros minutos electrizantes por parte del conjunto rojiblanco. A partir de ahí, se impuso la lógica tras un Yayazo impresionante que deshinchó al Bilbao como un globo, imagino que acusando la enorme presión que toda la sociedad vasca les había puesto sobre los hombros. El resto como si se tratara de un partido de Liga más, con la enésima exhibición del Barça para deleite de sus aficionados y con una superioridad aplastante frente a un equipo que está 42 puntos por debajo en el campeonato nacional.

Para el recuerdo quedará la pitada unánime al Rey y a su parentela, el ridículo de TVE intentando taparlo, el espléndido comportamiento de los jugadores y aficionados (salvo el energúmeno de la lata contra Alves, inmediatamente denunciado por los que le rodeaban), la solidaridad del equipo del Barça para con sus colegas bilbaínos, los aplausos y vítores de la afición vasca dedicados a los culés, Eto’o con txapela, y el entierro definitivo de la final de hace un cuarto de siglo y de la impresentable imagen que ambos clubes dieron en esa época.

Y, sobre todo, el primer título de la “era Guardiola”. El segundo apunta al fin de semana, momento en el que sin duda caerá como fruta madura. Ignoro cuánto durará Pep en el banquillo del Barça pero no somos pocos los que debemos hacer acto de contricción y pedir perdón por haber dudado de este pedazo de entrenador en sus inicios. Yo me choteé sin piedad y defendí -contra mis propios principios- la opción Mourinho por considerar que era el único que podía reconducir a un vestuario completamente descarriado. Pues bien, metí la gamba hasta el fondo, no me duele reconocerlo. Me quedo con las palabras de Eto’o que, pese a no haber marcado hoy tampoco, su participación en el juego ha propiciado que sus compañeros tuvieran mejores oportunidades y que, al concluir el encuentro,  ha confesado a oídos de un periodista: “Pep es impresionante”. No está mal viniendo de alguien al que el propio Guardiola había desechado en la pretemporada.

El Barça va camino de hacer historia, y el de Santpedor ha construido el mejor juego que muchos han visto -yo incluido- en toda su vida.

In Pep We Trust.

Amén.

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Ilusión contra calidad

12 mayo 2009

Como siempre que se da un partido entre un equipo grande y uno pequeño, los medios tienden a tirar de la metáfora “David contra Goliath” (raro que aún no haya leído este titular esta semana), haciendo especial hincapié en la ilusión del equipo pequeño y sacando a relucir los defectos de prepotencia del grande, en parte para vender algo más de emoción y en parte porque -como es el caso- sus deseos ocultos pasan por que el pez chico se meriende al grandote. Normalmente me parece bien que usen esta estrategia para vender más periódicos o para ganar audiencia, pero sinceramente creo que con la final de Copa se han pasado: no hay día en que no vea alguna demostración masiva de ilusión por parte de la hinchada del Athletic o que oiga en las noticias estatales alguna referencia al supuesto desdén con que el Barça se toma esta final (la última, reprobando el hecho de que los jugadores viajen el mismo día a Valencia -cosa que llevan haciendo toda la temporada con excelentes resultados-, cuando en realidad se trata de una consecuencia lógica del aluvión de partidos que los blaugrana acumulan en este tramo de temporada y, en todo caso, es un agravante a favor de los vascos por la de días que han tenido para preparar la final).

Sinceramente, creo que este apoyo tan “masivo” a la ilusión del Bilbao por lograr el trofeo, con el propio Lehendakari presionando y con las celebraciones para la victoria ya a punto, pueden terminar perjudicando a los intereses del equipo vasco. Veía anteayer unas imágenes de un entrenamiento en Valencia con miles de seguidores apoyando en las gradas y me preguntaba si una manifestación así en realidad no estaba metiendo demasiada presión a esos jugadores. Porque, por más que se intente ocultar, la realidad es que en los dos enfrentamientos de este año el Barça ha vencido al Bilbao, y además con claridad (pese a que en la ida el resultado fuera sólo por 0-1), y que la calidad del equipo culé está muy por encima de la de la escuadra bilbaína. De acuerdo, en una final puede pasar de todo y además el que va de favorito suele palmar. Sin embargo, la vitola de favorito el Barça se la ha ganado por méritos propios este año (no como en otras temporadas, en las que el club parecía vivir sólo del nombre), y además la motivación de estos jugadores será bastante alta porque hace dos temporadas que no se llevan un título a la boca. Y después de lo del domingo, que de haber salido bien podría haber supuesto una distracción inoportuna de cara a la preparación de esta final, diría que los jugadores del Barça viajarán con la lección aprendida.

Así que sí: este año somos favoritos, no vale negarlo. Y sí, los del Bilbao están muy ilusionados. Y también, en una final puede pasar de todo. Pero sinceramente, pretender que sólo con la baja de Iniesta los vascos ya tienen el partido ganado de antemano gracias al empuje de su afición me parece una temeridad excesiva. Veremos qué titulares ilustran la prensa capitalina el jueves: si “Machada” o “Sueño roto”. No apuesto por ninguno porque en un partido así influyen demasiados factores, pero recuerden que contra el Madrid hará un mes los vascos también iban muy ilusionados, y de tan emocionados que estaban terminaron pasándose de frenada…

Anticlimático

10 mayo 2009

Previsible lo del Madrid ayer: después de las seis bofetadas que les propinamos en campo propio lo más lógico era que en Mestalla el equipo saltara medio groggy, y más si le faltaba el centro del campo. Les metieron tres pero creo que a todos nos daba ya igual. Por lo menos yo no vi nunca un partido decisivo de la Liga de forma tan relajada y tan convencido de que el resultado sería favorable a nuestros intereses.

Así que, como dicen todos los medios deportivos hoy, nos han servido la Liga en bandeja y tenemos el primer ‘match-ball’ esta tarde a las siete en nuestro estadio. Me ocurre como ayer: en el fondo me da igual si lo conseguimos hoy o no. Tengo tan claro que este título caerá como fruta madura que incluso si los de Pellegrini nos ganan me iré contento del estadio. Y yo me pregunto si esto me ha sucedido alguna vez en lo que llevo siguiendo fútbol, pues ciertamente se trata de un fenómeno paranormal.

¿Por qué no siento emoción intensa antes del partido de hoy? Imagino que se debe a que tras dos temporadas de haber tirado la Liga tenía tan asumido que el fútbol nos debía este título y que más pronto que tarde nos lo devolvería, que al final lo de esta tarde parece simplemente como la entrega de las llaves del piso después de haber pagado la hipoteca. Tan pronto vimos que el Barça de este año pintaba distinto y jugaba de lujo todos los culés empezamos a contar los días que faltaban para el alirón. Lo cantamos anticipadamente en diciembre ante los blancos y Salgado profetizó que “la Liga se nos haría muy larga”. A fe que tenía razón. Cada fin de semana que duró la persecución inagotable del Madrid era un desgaste innecesario, era como tener una losa encima que tenías que quitarte de una vez por todas para poder conseguir lo que merecidamente te estabas ganando en el campo domingo a domingo. El camino se nos hizo largo, sí, pero al final llegaremos a la meta y por fin tendremos la sensación de liberación que acompaña al desenlace de las largas agonías.

Tal vez por eso la emoción de esta tarde es contenida y hay un cierto ambiente anticlimático flotando entre la culerada. Influyen también las dos celebraciones seguidas que hemos vivido esta semana, sin duda, pero en cualquier caso cuando hoy me siente en mi localidad en vez de hacerlo con el gusanillo en el estómago lo haré con la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, un día u otro campeonaremos.

Sólo espero que, cuando ocurra, los editores de los rotativos no abusen del Photoshop.

Talibanismos

8 mayo 2009

Decía Juan Onieva en la tertulia de Radio Marca que hoy en día parece que si criticas el juego del Barça argumentando que hay otras formas de jugar al fútbol (se refería al buen partido del Chelsea) eres poco menos que un apestado. Según él, tendemos hacia un pensamiento único talibán que puede tener consecuencias perniciosas para el deporte, y ponía el ejemplo del partido que planteó Juande en el Bernabéu: al traicionar sus propias convicciones e intentar jugar de tú a tú al Barcelona para que no le tacharan de “amarrategui” cayó en el pensamiento único y los resultados fueron nefastos para los intereses de los blancos. Según Onieva, cada equipo debe plantear su estilo de acuerdo con los jugadores de que dispone y se puede decidir jugar al contraataque, por ejemplo, sin que ello le reste un ápice al espectáculo.

Viniendo de quien viene la opinión uno ya imagina que hay mucho resentimiento de por medio, pero aun así creo que su reflexión tiene un punto válido: ¿acaso la única vía para maravillar al planeta balompédico pasa por nuestro “estilo irrenunciable”? Que es más vistoso, seguro. Que yo soy un fan declarado, también. Pero hay quien se extasia ante el poderío del juego físico, ante el tacticismo italiano o ante los contraataques veloces, y no deberíamos despreciarlos tan alegremente. Hay quien dice que el único estilo válido es ganar, y aunque no comparto la filosofía resultadista puedo imaginar que haya gente dispuesta a aguantar temporadas infames sólo por el minuto de gloria final.

La cuestión es: ¿quién queda más satisfecho a la postre? Como se trata de cuestiones subjetivas el asunto es muy difícil de valorar. Podríamos haber acudido a Stamford Bridge una semana antes de la semifinal y preguntar a los hinchas ingleses si estaban gozando de la temporada, y luego comparar con el hincha culé estándar. Si preguntamos después seguro que nosotros disfrutamos más, pero si hubiera pasado el Chelsea la duda quedaría en el aire. Tal vez para nosotros lo de los blues sea antifútbol, pero si ellos priman el fin por encima de los medios,  de haber logrado el pase a lo mejor quedarían más satisfechos que nosotros con el conjunto global de la temporada.

Al final todo es cuestión de no enrocarse en un solo dogma y aceptar variaciones en función del momento de la temporada en el que se esté, de los jugadores disponibles y, porqué no, del rival contra el que se juega (¡oh herejía!). Rijkaard lo comprendió así y nos llevó a nuestra segunda Champions: contra el Milan parecíamos nosotros más italianos que ellos y aun así en el Camp Nou nos colaron un gol que el árbitro anuló, de manera injusta según algunos. Onieva en eso lleva razón: no hay que caer en talibanismos. Ahora bien, lo que sí es indiscutible es que, hasta el momento presente, el “estilo irrenunciable” nos ha llevado a las puertas de lo que podría terminar siendo la temporada más histórica del barcelonismo. Luego, tan mala no debe ser nuestra forma de jugar: lo que venga a partir de hoy puede depender de otros avatares que alteren el desenlace deseado, empezando por lesionados, siguiendo por expulsados y terminando con el factor suerte o arbitral; pero ello no resta méritos a la forma en que hemos llegado hasta aquí.

No caigamos en talibanismos, cierto, pero tampoco neguemos que, puestos a hacer la temporada redonda, más vale llegar a la meta bailando a lo Fred Astaire que a tropezones y sacando la lengua fuera. La testiculina es un mérito, sí, pero a Van Gogh no le salieron “Los Girasoles” por cojones.