Cuando empecé este blog el amigo Rai pronunció una sentencia definitiva y definitoria: “me gusta pero te va a durar cuatro días”. A Guardiola le preguntaban en rueda de prensa antes de la final de Roma por sus planes en caso de ganar el triplete, y el técnico de Santpedor contestó con ironía: “me iré a casa”. A los pocos segundos todos se troncharon pero por un instante los que asistían a la rueda de prensa contuvieron el aliento pensando en tan nefasta posibilidad. Después de todo, sería lo lógico pues más alto ya no se puede llegar y todo lo que viene a partir de ahora es cuesta abajo.
Pues bien, tengo exactamente la misma sensación con este blog. He tenido la gran chamba de inaugurarlo en el tramo final de una temporada apoteósica y he escrito sobre los más diversos temas a lo largo del mes de mayo más impresionante que se recuerda en territorio culé. Sinceramente, me da mucho palo tener que cascarme un artículo al día cuando caigamos en barrena (cosa que, con Pep en el banquillo, estoy seguro que tardará en suceder). Lo más sensato es que finiquite esto ahora, justo cuando tocamos el cielo con la mano.
Ocurre también que a mí me gusta escribir los posts con un toque de ironía y tomándome todo esto un poco a cachondeo. En general, con otros temas este estilo de redacción no supone ningún problema, pero si por algo destaca la blogosfera futbolera es por tomarse muchísimo más en serio este deporte en sus foros que en las opiniones vertidas al leer el clásico artículo en prensa el cual, éste sí, puede hacer gala de un registro mucho más ligero y ahondando en otros temas (psicológicos) no estrictamente deportivos. Este estilo en los blogs de fútbol no está bien visto, y Dios me libre de soltar alguna chorrada de las mías cuando las cosas vayan mal dadas: me expongo a recibir leches de todas partes, desde el sector troll hasta el sector forofo. En internet los sentimientos están muy a flor de piel, por lo que vengo detectando.
También he meditado alejarme un poco (no mucho) de las demás páginas futboleras. Me pasa exactamente lo mismo que con el blog: los participantes juegan a un juego distinto al mío. Si tomamos el Yoya como ejemplo, gran bitácora culé donde las haya, echo de menos los debates de antaño con los veteranos de la casa. Últimamente veo a mucho exaltado y opiniones demasiado radicalizadas y centradas en el detalle del día a día, cuando a mí lo que me gusta es alejarme para coger perspectiva y analizar las cosas saliéndome por la tangente, siempre con un cierto sentido del humor. Este toque lo voy perdiendo, tanto en mi casa como en las ajenas, y supongo que es porque intento adaptarme a las opiniones mayoritarias, con una concepción del fútbol bastante alejada de la mía. Pero es que si me pongo a escribir aquí los posts como de verdad me gustaría, a los tres días no entra ni mi sombra.
¿Soluciones? Pues seguir con mi Posterous, que el formato Tumblelog (artículos breves comentando enlaces, citas o imágenes y música) me encanta: mucho más improvisado y con una redacción menos cuidada pero precisamente mucho más espontáneo y, al no tener que mirar por las formas, mucho más directo y sincero. La temática será generalista, pero también hablaremos de fútbol, aunque sólo cuando verdaderamente apetezca.
Éste lo dejo abierto y quedará para la posteridad, para que así dentro de veinte años podamos seguir entrando y diciendo “¡joder, qué bueno fue aquello que vivimos y qué poco conscientes éramos de lo grande que era todo!” Permítanme pues adoptar una postura ventajista y desaparecer haciendo mutis por el foro justo cuando flotamos en el éxtasis. Nos vemos en “Bendita Rutina”, si lo desean.
En los antiguos Peplum lo de menos solía ser el argumento. La gente iba al cine a ver una gran superproducción, y si podía ser de Cecil B. Demille (el Spielberg de la época), mejor. Tenía que notarse la pasta: trasladado al fútbol, y como dijo un entrenador algo conocido por estos lares, “el dinero en el campo, no en el banco”. Eso implicaba un gran número de figurantes, espléndidas peleas de gladiadores, alguna que otra carrera de carros con mala leche y, si podía ser, algún judío con ganas de separar las aguas del Mar Rojo. Espectáculo, ante todo espectáculo. Luego venían los actores, y donde estuviera un buen Charlton Heston que se quitara todo lo demás. Los ingleses le otorgan este papel protagonista a un portugués con un cierto aire chulesco, mientras que nosotros se lo adjudicamos a un argentino de rasgos aniñados, pero en el fondo todos ansiamos lo mismo: que nuestro héroe logre derrocar al imperio romano a base de tesón, talento, calidad y un guiño divino, que para eso estamos en Roma, caramba.
A veces Sansón separaba las columnas, a veces Cleopatra nos jodía la marrana. No siempre salíamos del cine satisfechos, cierto, pero seguro que si al año siguiente se estrenaba otra de romanos acudíamos a la sala en tropel y más contentos que un gladiador absuelto por el César. Ésa es la grandeza del cine y, en cierta medida, del fútbol: siempre habrá un partido mejor, una cita de mayor tensión, un apoteosis en el que coronarse. Y el día en que Heston no esté siempre podremos recurrir a Crowe, que no lo hacía tan mal a las órdenes de Ridley. De momento, nos conformaremos con que nuestros gladiadores salten al terreno de juego con ganas de devolvernos en entrega la ilusión que hemos puesto en ellos, con la diferencia de que en vez de entonar el “los que van a morir te saludan” alguien en el vestuario les habrá soltado lo de “salid y disfrutad”. Y nosotros también, qué carajo, pues no olvidemos que, como cantaba Sabina, lo mejor de las pelis de romanos era sentarse en la fila de los mancos y meterle mano a nuestra acompañante. A los que vayan al campo, que se arrimen a las catalanas, que las británicas con pinta de ‘Hooligan’ no están de buen ver. A los que se queden en casa, pues bueno, que se consuelen en el sofá con la pareja si no cae la orejuda, y si cae, vigilen que reina la crisis y no estamos para tener gastos extra dentro de nueve meses.
In Pep We Trust.
Amén.
Estamos a 48 horas de la final de la Champions League, tras haber ganado la Liga y la Copa del Rey y haber ofrecido un fútbol sin parangón, y todavía oigo a gente quejarse de jugadores como Touré, Puyol, Abidal, Valdés o Xavi, y a muchos otros despotricar contra Laporta y Txiki por no haber fichado más refuerzos o por querer acaparar un protagonismo inmerecido. Incluso he oído esta misma mañana a un comentarista radiofónico dudar de la capacidad de Guardiola para encarar esta final, herejía donde las haya (al menos a priori, luego ya se verá).
Es curioso cómo todos nos sentimos superiores a los personajes que pululan por la esfera pública en cualquier ámbito social, y cómo afirmamos sin pudor que nosotros lo haríamos mejor que ellos en caso de resultar agraciados por esos dones o por esa fortuna que les hicieron acreedores de ser el centro del ojo público. Si hablamos de actores de Hollywood, surge el crítico que llevamos dentro para destacar los fallos interpretativos del que aparece en la pantalla, sabedores de que con nuestas dotes actorales lo dejaríamos a la altura del betún por comparación. Con los políticos todo vale: no hay uno solo que se salve de la quema, y el que no es un chaquetero es un vendido, el que no es un corrupto, el que no vive del cuento y el que no es ya directamente estúpido. Pero amigos, es en el deporte en general y en el fútbol en concreto donde aflora nuestra soberbia al por mayor y donde todos sentimos la necesidad de demostrar a quien quiera escucharnos que todos, desde el presidente hasta el utillero, pasando por el entrenador y los jugadores, tienen mucho que aprender de nuestra sapiencia futbolística.
“Todo el mundo lleva un entrenador dentro”, reza el dicho, y a cada temporada que pasa no sólo se revela como un poco más acertado sino que diría que se queda corto, pues podríamos añadir a la figura de nuestro técnico interno la del presidente, jugador, representante y periodista. Nadie tiene ni idea de nada (salvo nosotros, claro), y parece mentira que Guardiola no sepa que hay que hacer jugar a Touré más adelantado, que Xavi e Iniesta no pueden estar juntos en el campo, que Valdés no es portero para el Barça o que Eto’o no debería haber jugado contra el Mallorca y el Osasuna. Resulta increíble atestiguar que Xavi sigue haciendo el funcionario, que Iniesta jamás llegará a crack porque no tiene gol, que Messi sestea media temporada (y eso cuando no está lesionado), que Valdés no sabe jugar con los pies, que Eto’o es un chupón y que Henry ya no está para rendir al nivel de un gran club. No me cabe en la cabeza cómo Txiki ficha a medianías del tipo Hleb o Cáceres (lo de Piqué debió ser pura potra, seguro) o cómo Laporta se aferra al cargo tras habernos dado los peores años del club durante sus dos legislaturas (al menos en cuanto a títulos se refiere), que lo único memorable que han tenido ha sido su bajada de pantalones. ¿La prensa deportiva? Una panda de enchufados sin ningún espíritu crítico que sólo viven de pagar los favores al que les colocó en su columna diaria.
Que esto se escuchara durante el verano pasado todavía tiene un pase, pero que en una semana como ésta aún haya quien se dedique a tocar los cojones con estos temas sólo puede llevarme a ponerme en la piel de un célebre presidente norteamericano cuando dijo aquello de “nuestros soldados han demostrado una vez más que son unos auténticos cabrones, pero son nuestros cabrones”. Como dijo aquél, que n’aprenguin!
Nota final: desde hoy hasta la medianoche del miércoles queda prohibido blasfemar, criticar, poner a parir o ni tan siquiera dudar de cualquiera de los integrantes del F.C.Barcelona. Después del partido se admitirán las críticas PERO SÓLO EN CASO DE DERROTA. Si se gana, aunque sea como en Stamford Bridge, únicamente quiero escuchar elogios. Así que cierren el pico, mentalícense y cuelguen la bandera azulgrana (caso de tenerla) en el balcón, que todavía nos quedan unas cuantas para igualar a los carteles de “Piso en Venta”.
A medida que se va acercando el día de la final las posibilidades de que el Barça termine alzando la copa van creciendo. De mi pesimismo de hace dos semanas, tras confirmarse las bajas de Abidal y Alves y las lesiones de Henry e Iniesta, al optimismo moderado de hoy van un par de noticias positivas, y en especial una de ellas. Me estoy refiriendo precisamente a la recuperación del francés y el de Fuentealbilla. La mentalización del grupo la doy por supuesta (dudo que nos goleen por sobradez como en el caso de la final de Atenas, aunque nos pueden golear igual) viendo los mensajes que los integrantes del equipo lanzaron ayer en plena celebración liguera, y la calidad del juego del equipo no voy a ponerla en duda a estas alturas.
Me preocupaban más esas dos bajas por lo que podían afectar psicológicamente al grupo. Cinco bajas de tanto peso (las cuatro de arriba más Márquez) suponían demasiado lastre para el grupo, sinceramente, y no porque no fuesen capaces de lograr batir al Manchester, sino porque saltaban al campo sabiendo que les faltaban cinco piezas fundamentales. Pero si hay dos jugadores este año que han resultado decisivos en el tramo final de la temporada, incluso por encima de cracks como Xavi y Messi, éstos son Titi y Don Andrés. Por tanto, estas dos resultaban determinantes para el peso emocional del grupo. Que se vayan a recuperar a tiempo supone un plus añadido a nivel psicológico a todas luces impagable, y si hay un jugador que puede vestirse de faro en la tormenta sin duda Iniesta se convertirá en la luz que guiará a sus compañeros. Para mí, el mejor jugador de toda la temporada, a secas. Si aún quedaban dudas éstas se disiparon en el minuto 91 en Stamford Bridge, y si alguien merecía pisar el suelo de Roma precisamente tenía que ser el que garantizó el pase a la final.
Por eso Iniesta no podía faltar. El grupo podría echarlo demasiado de menos. Con él en el campo, la balanza -hasta entonces inclinada del lado inglés- vuelve a nivelarse y existe un factor intangible que jugará a nuestro favor, que aun no siendo garantía de nada, puede dar alas a los jugadores del Barça sobre todo si el camino a la orejuda se pone empinado. En un duelo que se presume será entre Cristiano y Messi, Andrés Iniesta puede fácilmente convertirse (si está en condiciones) en el mejor jugador de la final.
Tanto si se gana como si se pierde en Roma, el Barça pasará el verano más o menos tranquilo. Tras lo demostrado este año las urgencias por fichar, las mociones de censura o los debates del entorno quedarán reducidos a un murmullo de fondo por comparación a lo que va a ocurrir en la Casa Blanca, donde no pueden esperar a que concluya la temporada para anunciar día sí y día también nombres de relumbrón para los proyectos futuros, y eso que parece que no habrá elecciones. Lógico: cuando haces las cosas bien bastan un par de retoques (esperemos que uno de ellos tenga la cara marcada por una cicatriz) para afianzar el liderazgo que te has ganado a pulso durante los últimos meses, mientras que cuando eres el violinista del Titanic debes esforzarte por que tu música se oiga por encima del ruido de los gritos de los que se ahogan en las aguas árticas.
El problema es que un club como el Barça debe alimentar al entorno continuamente a base de noticias o las audiencias caen y los periódicos no se venden. Yo mismo, que se me ha ocurrido inaugurar este blog hace tres meses, me las veo y me las deseo para sacar temas jugosos en una semana en la que no sucederá nada interesante hasta el miércoles, y ya me estoy poniendo a temblar pensando en la canícula de julio y agosto. Hasta que no llegue el Gámper, esto va a ser un desierto de noticias. La única opción viable es meter baza en lo que ocurre por la capital, pero si machaco mucho con el tema al final me salen los tertulianos con que “hablo demasiado del Madrid” y no faltará el clásico merengue acusándome de madriditis mal digerida. Me puedo poner a spoilear las novedades “Lost” y lo que haga falta durante dos meses, pero aparte de la deserción masiva de comentaristas, la temática no casaría demasiado con el título de la bitácora.
Urge pues un plan concienzudo para atacar los meses estivales sin que decaiga el interés. Cuando abrí esta página dije que uno de los motivos era porque un blog de fútbol se escribía prácticamente solo, y eso es cierto excepto en casos excepcionales como la brillante temporada que hemos surcado. Casi mejor que pierdan la Champions, que así me puedo cascar una serie de artículos sobre cómo gestionar la psicología de la derrota, porque para gestionar la de la euforia Guardiola se basta y se sobra.
Obviamente, esta última frase era broma.
Visto pragmáticamente, en la final de Roma los favoritos son ellos. En principio ambos equipos llegan igual: con la Liga/Premier en el bolsillo, la posibilidad de alzarse con el triplete (el Barça ya tiene dos de tres mientras que el Manchester sólo una, pero todo se andará), y ambos practicando el mejor juego atacante del momento y con varios jugadores determinantes en sus filas. En contra de los ingleses, las estadísticas: desde el Milan de Sacchi que ningún equipo repite título europeo dos años consecutivos. En contra del Barça, las lesiones y expulsiones: nos presentamos en Roma sin Alves, Abidal ni Márquez, y con las dudas de Iniesta y Henry (que a lo mejor sí juegan pero vayan a saber en qué condiciones). Sopesando todas estas cuestiones, creo sinceramente que la balanza se inclina a favor del ManU, que sí podrá lucir su once de gala sin mayores contratiempos -salvo una baja en defensa, Darren Fletcher-. Luego ya se sabe, en una final puede pasar de todo, son once contra once, el árbitro la puede cagar y en la tanda de penalties el Terry de turno resbalar. Todo en el aire.
Éste no sería el blog que es si no habláramos de los factores psicológicos que hay en juego, y el primero que se esgrime en una final es el de los favoritismos. Nadie quiere ir de favorito a esta clase de partidos, básicamente porque yendo de sobrado tienes todos los números para estrellarte, y a Atenas me remito. Sin ir más lejos, en París todo apuntaba a un paseo militar del Barça e incluso con diez el Arsenal se adelantó en el marcador y estuvo a punto de jodernos la marrana. Así que lo mejor es ser prudente y reconocer que sí, que los red devils parten con una cierta ventaja de cara a esta final. Colguémosles la etiqueta de “favoritos” y que hagan con ella lo que quieran; nosotros a saltar al campo sin presión y a intentar dar la sorpresa a la que la bola empiece a rodar. Total, las urgencias históricas por conseguir el anhelado trofeo europeo se desvanecieron con nuestra segunda copa y además con la temporada que llevamos nadie podrá hacer un reproche al equipo en caso de derrota. La mentalización la pone Pep, la presión los ingleses, la chulería Ronaldo, la veteranía Ferguson y a nosotros sólo nos queda poner el buen juego. Acudamos sin presiones y rescatemos la vieja consigna de Cruyff: “salid y disfrutad”. Aprovechemos que por una vez en la historia el Barça no es el favorito de la final y hagamos saltar la banca si nos dejan.
Una visión desde las islas:
- Manchester United favourites to win Champions League says Harry Redknapp (telegraph.co.uk)
- Iniesta and Henry will be fit for Champions League final (guardian.co.uk)
- Ferguson gets the chance to win in style (guardian.co.uk)
Mirando en retrospectiva esta Liga, creo que hay un factor determinante que, bien al principio, rompió la baraja en favor del Barça: fue lesionarse Van Nistelrooy para toda la temporada y saber que tendríamos el camino despejado hacia el título, todo en una. En aquellos momentos no me imaginaba ni de lejos lo difícil que nos lo iban a poner los merengues, pero aun así diría que la baja de este delantero fue determinante para que en los momentos finales el Madrid no recortara aún más la distancia y se situara incluso por encima de nosotros. Estoy convencido de que con él rindiendo a un nivel similar que en las dos temporadas anteriores a estas alturas aún no estaría decidido el título.
Los madridistas dirán que fue mala suerte, y tal vez tengan razón. Pero yo creo que si precisamente había algo anormal eran los números del holandés en las dos pasadas temporadas. Cuando Calderón lo fichó en su primer año, muchos vaticinamos que este jugador no le duraría mucho a los blancos, y a todos nos sorprendió que aguantara tan bien durante dos temporadas seguidas: sin duda este fichaje fue el máximo artífice de las dos Ligas birladas al Barça, aunque todos sabíamos que en cualquier momento se podía romper dado su historial. Es lo mismo que nos ha pasado a nosotros con Milito: nos arriesgamos y nos duró una temporada. Cuando haces fichajes de riesgo tu obligación es guardar un recambio por si las moscas, y eso el Barça lo ha solventado bien. El Madrid, en cambio, no hizo los deberes y así le ha ido este año.
La cuestión es que ahora se acerca Florentino con la billetera llena (¿?) y amenaza con hacer fichajes de relumbrón para robar el cetro del buen fútbol al Barcelona. El silogismo que los madridistas se hacen es el siguiente: si con esta plantilla de ‘mataos’ casi nos llevamos la Liga, simplemente con que añadamos a un par de “galácticos” ya la tendremos en el bolsillo el año que viene. El razonamiento no es del todo descabellado; bastaría con un Benzéma de la vida y un par de tíos con criterio en el centro del campo (¿Cesc? ¿Xabi Alonso?) para que el equipo cobrara consistencia en ataque y, aunque el juego tampoco fuese demasiado vistoso, acumular victorias que sumarían los puntos que este año les han faltado.
El problema es que Florentino sólo ofrece estrategias a corto plazo. Sí, el año que viene pueden ganar la Liga (y más si pensamos en el proceso electoral en Can Barça que puede desestabilizar al club desde dentro), pero en cualquier caso eso el Madrid lo hará uno de cada dos años fiche a quien fiche. Si analizamos el reparto de títulos en el último cuarto de siglo, la cosa está más o menos al 50% entre los culés y los merengues, y de tanto en tanto llega un Depor, un Valencia o un Atlético que se erige en la excepción que confirma la regla. Ahora bien, si lo que Florentino pretende es cambiar el modelo de club y volver a ser un referente en Europa, haciendo cantera y definiendo un estilo de juego que perviva cuando él se haya largado, más vale que se olvide de vender el Bernabéu o del pelotazo de turno y de fichar a cuatro galácticos a golpe de talonario. Eso es pan para hoy y hambre para mañana, como se ha visto desde su última etapa.
A veces basta con fichar un buen delantero que te salve la temporada. Pero para salvar a un club hace falta muchísimo más que la estrella del momento, y lo escribe alguien que pensó que al fichar a Maradona en los ochenta tocaríamos el cielo. Los merengues deberían reflexionar sobre ello mientras se pasan el verano haciendo quinielas sobre los fichajes del “Ser Superior”.
Hubo un momento en esta temporada -justo después del nefasto partido contra el Espanyol en casa- en que vi peligrar la Liga. Y empecé a plantearme qué pasaría si finalmente el Madrid nos arrebataba el título, algo que hasta ese instante me había parecido impensable en vista de la diferencia del nivel de juego entre unos y otros. El factor psicológico pesa, me dije, y los dos últimos campeonatos blancos proyectaban su sombra sobre nosotros, quién sabe si hasta el punto de hacernos flaquear y entregar el título a nuestro más inmediato perseguidor. Todo era posible, pero sinceramente no me parecía justo. ¿De qué servía jugar como los ángeles si al final lo único que contaba era la testiculina? ¿Para qué fichar a buenos jugadores, entrenar a los de la cantera desde pequeños en un estilo de juego determinado, si luego viene el jubilado de siempre y mete su gol de oportunista en el minuto 91 tras un fuera de juego que el árbitro no ve? El fútbol nos debía esta Liga, y si era tan cruel como para arrebatárnosla meditaba muy seriamente abandonar este deporte por los siglos de los siglos, y ojo que cuando yo hago una aseveración de este calibre no lo hago a la ligera: no es producto de un arrebato momentáneo sino de una decisión bien meditada, y me veía perfectamente capacitado para cumplir mi amenaza.
Afortunadamente, la lógica se ha impuesto, la justicia ha vuelto a hacer presencia y la Liga ha caído de nuestro lado. Y éste es el título que yo quería, el bueno de verdad, el que premia la regularidad de un campeonato excepcional. Los otros dos son una lotería, dependen demasiado de otros factores como para asegurar que los ganarás con una buena planificación, pero la Liga no: la Liga se la lleva indiscutiblemente el mejor, y este año sin lugar a dudas el mejor ha sido el Barça. Por tanto, felicidades a todos los culés y a los amantes del buen fútbol… bueno, no, del fútbol de toque con vertiente atacante… prefiero decirlo así para no herir susceptibilidades.
Parece ser que me va a tocar sufrir y alegrarme con el fútbol del Barça durante muchos años todavía.
Visca el Barça!
In Pep we trust.
Amén
P.D.: muchísimas gracias a todos los del Villarato, el cagómetro, el canguelo, el “campeones por decreto” y el “Robben es mejor que Messi”. Sin vosotros, muchachos, no lo hubiéramos logrado.
Bueno, pues ya tenemos al “Ser Superior” de vuelta en la Casa Blanca, dispuesto a salvar las joyas de la familia antes de que sea demasiado tarde. Otra cosa es que para ejecutar su plan de rescate al final no quede ni el solar, pero ya sabemos que en fútbol estas minucias no importan, que lo que cuenta es el presente y la casa no va a reparar en gastos para -más que ganar- volver a humillar al rival, que hoy día es lo que más felices hace a las aficiones. Lo decía esta mañana Onieva en Radio Marca (lo echaré de menos: me encanta psicoanalizarlo): “volveremos a hacerles sufrir”, y uno se pregunta hasta qué punto goza más un hincha ganando un título por lo que representa para su club o por lo que significa como escarnio para el rival.
Siempre he sostenido que el factor psicológico resulta fundamental en este deporte, y si no fíjense en el día escogido por Florentino para volver al redil: ¡rápido, quitémosle portadas al Barça en el día de su triunfo! Parece que la cosa no terminó de cuajar del todo (los noticiarios siguieron abriendo con el 4-1), y que incluso contribuyó a que no se hablara de la chorrada del himno, pero la intención es lo que cuenta. Y, como no podía ser de otro modo, en cuanto a armas psicológicas la más efectiva sigue siendo meter miedo desde el primer momento. Observen por ejemplo este titular sacado del As: No hay pacto de no agresión con el Barça. Claro, como en su primera etapa el señor Pérez accedió a la presidencia birlándonos a Figo, nada mejor que repetir la jugada con Messi, Iniesta, Xavi o el que se tercie. Un discurso coherente con la estrategia de minar la moral enemiga, pero ni el Barça de hoy es el Barça de Gaspart, ni la afición está demasiado por estas tretas cuando ya se toca con los dedos el doblete y se aspira a un histórico triplete, ni los jugadores parecen dispuestos a cambiar de acera cuando se está en la cima mundial del fútbol, por muchos cantos de sirena monetarios que suenen en la lejanía.
Aun así, reconozcamos que “poderoso caballero es Don Dinero” y que en esta vida nunca puedes asegurar nada. Sinceramente, con el nivel de juego que ofrece el Barça actual dudo mucho que ni siquiera restándole una pieza de alto nivel la maquinaria dejara de funcionar: lo bueno de nuestro club es que existe un sistema bien implantado y que hoy por hoy no se depende de ningún jugador en concreto. Yo más bien creo que si Florentino quiere tocarnos el alma deberá intentarlo con Cesc o con alguna de nuestras promesas de la cantera. En cualquier caso, si quiere pagar la cláusula de rescisión (como dice el artículo enlazado) de nuestros cracks para llevarse a alguno por mí encantado: con la pasta que nos deje aún seremos nosotros quien fichemos a Cristiano Ronaldo, y a Ribéry de propina. Definitivamente, no funciona igual la táctica del miedo con un club al borde de la gloria que con uno con Gaspart de presidente.

